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  • Foto do escritorEmily Bandeira

Escuchá

 



Escucho el sonido del viento, pasando por una espécie de hierba alta, delante el muro, en el otro lado de la calle. La veo bailando por mi ventana. No creo que esta hierba dure mucho más, la vi crescer, cuando llegaron las lluvias, ahora ya no creo que habrá agua suficiente para nosotras. Todo el verde ya cambia de color. Mi boca está seca. La seca llega lenta, pero aún así ya se la siente. Hace mucho tiempo, siento, desde que no escribo algo así, un poco más íntimo y lleno de curiosidad acerca del trabajo/estudios/propósito. 


Siento como si muchas cosas me hubiesen sido requeridas, en términos de productividad y continué haciendólas, haciendólas, una, dos, tres veces más. Al fin, no sé se lo alcanzé, nunca sé si lo alcanzé, quizás nunca lo alcance de la manera romántica en que me imagino. Este nível de satisfación y productividad perfecta, digo. No sé si soy humanamente capable de alcanzar mi própia imaginación. 


Mismo que no la alcanze, hay que saber cual es la dirección, hacia dónde apuntar mi cabeza, cuerpo y corazón. No puedo no fiarme romántica, no sé ser de otras maneras. 


El año pasado no pude seguir con mis planos, así que los dejé un poco de lado y ha sido bueno. Cuando retorné a pensar otra vez en ellos (los planes de estudios) ya no estaba donde pensé que estaba. Cambié las cosas, ha sido bueno. Y poco tiempo pasó quando me acuerdé de otras cositas y así me cambié las cosas una vez más. Ha sido bueno. Y ahora, quizás por la cuarta vez – tentativa y error, mi amor – lo cambio una vez más. 


Con el tiempo, hasta mi romantismo con el tercero sector si volvió medio roto. Mi romantismo si, la curiosidad no. La perspectiva de dónde partir, quizás si, la inseguridad de no saber acerca del futuro, no. Poco control, pero muchas ganas. Puede ser una buena ecuación. 


Ahora vuelvo a la base. A los deseos que no sean los míos. Con una escucha que sea la mía. Con preguntas que sean tan mías cuanto suyas. Tendré que abrir, el corazón, una vez más, invitándolo a un nuevo juguete de racionalidades colectivas. 


Escribo misteriosamente, intentando percibir cómo me siento sobre las cosas mismas sin buscar describirlas. Un juguete para personas insanas. Es que sin eso, sin lo pequeno, lo misterio con los procesos mentales, la risa con los procesos intelectuales, el intento de no olvidarse de divertirse en todo, no hay mucho más que eso, aún que siempre lo haya. Abrir unas sonrisitas, no está mal. Hay todo un pecho caliente que te despierta todos los días (sí, sí, lo tuyo) que vale la risa y la persistencia. 



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